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jueves, 10 de julio de 2008

La Noche de la Comida Peruana


Casi 3 millones de búsquedas en internet sólo en Google sobre comida peruana es la estadística que demuestra que nuestra culinaria está en la cima del éxito respecto de cocinas tan importantes como la mejicana o la española. El estudio fue realizado por la agencia peruana Aspekto Publicidad & Marketing sobre alrededor de 25 comidas nacionales de la región.

Sin ir muy lejos, compatriotas nuestros desde el extranjero dan testimonio de lo requerida que es nuestra comida afuera, tanto por propios como por extraños. Y es que la comida es una de los símbolos que exhiben la peruanidad desde todos los puntos de vista y en cualquier escenario. No en vano, seguimos viviendo el boom de la comida peruana al punto no sólo de que ahora nos damos el lujo de exportar cocineros y seguir expandiendo los horizontes de nuestra creativa culinaria sino que, además, nos disponemos a celebrar la Noche de la Comida Peruana, algo que merecidamente se veía venir dentro de esta onda de darle lugar y crédito a estos símbolos precisamente de nuestra identidad nacional.

Nuestra cocina, tan rica en historia, tradición e influencias, ha devenido en un producto tan perfecto que no hay manera de resistirse al encanto de los sabores, a la magia de los aromas y la sensualidad de los colores propios.

Pocos se han detenido a investigar este fenómeno tan vasto en influencias, como la africana, la española o la oriental, contando en estas a la musulmana (por la invasión a la península Ibérica), la japonesa o la china, entre otras e menor intensidad. Desde los anticuchos o la carapulcra hasta el lomo saltado o el arroz chaufa, los platos con que nuestra culinaria se ha ido engrosando han venido a demostrar que es posible colocarla en la cabeza del movimiento de avanzada mundial.


Y nada más oportuno que celebrar esta nueva iniciativa cocinando. El llamado es que cada quien se reúna en familia y dedique un tiempo al extraordinario placer de cocinar, un buen plato de escabeche o un caucau, con la convicción de celebrar la peruanidad, la esencia de lo alegre, de la buena gente que puebla este pedazo de tierra, forjado en esfuerzo y en lucha continua.

Y como diría el poeta, enredados entre las cebollas y los ajos, forjados en el ají panca y marinados en el sillau milenario, amasaremos la identidad de un pueblo ancho y ajeno, de arriba y de abajo, de sangre y sudor; con combis y lisuras, con plazuelas y encerronas; de locos y de viejas comadres, de niños y ancianos; un país donde, después de todo, da gusto vivir.




Miraflores, 11/07/2008

El amor nos matará...


El amor nos matará –le dije a mi amiga Mariella-, es un mal incurable, una locura que afecta las moléculas, las altera todas, haciendo de los seres humanos entes subvivientes que se laten, se hablan, se caminan, se dejan, pero no sienten ni escuchan nada que no sea la voz o el aroma del otro, de aquél que se ama, ese que te absorbe las ansias y carcome el alma, ese que te dice al oído que también te ama...

Hace poco tuve la extraña sensación de vivir cosas pasadas en el presente, como si el tiempo volviera atrás y recordé a mi amigo Marco y la famosa Teoría de la Regresión aplicada a la música, un ejercicio de onanismo mental que hiciéramos hace varios años, derivado de mucho por beber y nada por hacer. La teoría esbozaba, entre otras inciertas ideas, que la música se consume como el agua que corre por un manantial, jamás es la misma, es un agua nueva, y no retorna. Entender esto nos llevó más de una botella de ron, qué duda cabe. Hoy pienso, con la obvia sonrisa en los labios, que el tiempo es como el agua, discurre y no es el mismo, haciendo que el amor entregado sea único en un momento y en un espacio, y dirigido contra una persona, de manera que no es posible concebir repeticiones o comparaciones entre dos o más personas a las que se ama. O si?

Alguien alguna vez me hizo entender –y de qué manera- que lo que se hace luego se siente en carne viva. Cuando uno ama sufre, de cualquier manera, para bien o para mal, pero sufre. Y luego recuerda hechos del pasado, y entiende que el amor ya corrió por las venas, se fue, no retorna. Y con él las palabras, las caricias, las vivencias, las historias, los besos. Todo pasa por entre los dedos y las sedas, por entre los cabellos y los sudores, aromas todos del blando amor herido que va lastimando el aire día tras día.

Habemos algunos que tenemos en el cerebro la idea absurda de la eternidad, de lo profundo, lo total, lo absoluto. Qué locura. Qué enfermiza mente podría soportar los estragos de tantos boleros escuchados solamente para mantener vigente la inteligente tortura de los días idos tras el agua mansa de la insensatez que corre al lado de las emociones y lo sentimientos. Y es que, como lógicamente resulta, no existen absolutos que un ser humano en sus completos cabales admita, no existen , no los hay, no son de este mundo sino del divino, aquél en el que los ángeles se divierten y Dios los observa sonriente. La eternidad es pues un caso fortuito frente a las fuerzas mayores de la vida diaria, las que el hombre del lado comete, a veces impunemente. Qué más da.

Y cuando se resuelven los dilemas de lo momentáneo y de lo eterno quedan las experiencias de los amores vividos. Acaso podemos olvidar las miradas, las caricias, los besos, la piel sentida y las caras felices? Así como uno se entromete en el corazón del otro, así mismo, irremediablemente, debe salir, incluso a riesgo de ser arrancado como las astilla incrustada en la palma de la mano, así sin más, cada quién debe plantearse la exacta posibilidad de no ser el amor que replicado en los oídos se busca y se encuentra. No siempre somos lo mejor en la vida de alguien más. Hay que saber perder también. Yo creo que esa es la vida, saber ganar y saber perder, algo tan ridículo como eso, pero como siempre y como todo en el mundo de los boleros, hay que sentirlo para saberlo.


El amor me matará algún día, debatido entre más de un amor, ahorcado por más de un recuerdo, ahogado por más de un beso, asfixiado por más de una canción olvidada, contagiado por más de una infección del lado del alma, ese que no tiene cura. Por qué no me quedo en mis vacíos? He amado, lo confieso, y he amado mucho, y sigo amando, y sigo admitiendo mis débiles fuerzas para enfrentar las caras nuevas de cada esquina de cada día de cada instante de cada forma de cada nuevo bonito corazón que me encuentro y que me pide que lo ame que lo bese que lo estreche que lo envuelva...

Y me duele el pecho de tanto pedir perdón, de tanto estar solo con mis fantasmas y mis amores lejanos. Quiero besar el tiempo y pedirle que se quede conmigo, hacerle el amor para que quieto como nunca sea mío como siempre.

Como me dijo mi maestro somellier José Bracamonte -y yo le creo- aplicándolo a la vida, hay que amar todo lo que se pueda, mientras más se ame, mejor... Y añado, sin temor a equivocarme, hay que llorar todo lo que se tenga qué, que llorando nos hacemos más humanos, más puros, eternos, libres...

Miraflores, 28 de diciembre de 2005

miércoles, 9 de julio de 2008

La Buena Muerte


http://www.hellolima.info/donde_comer.htm

Visiten esta web, hay varios restaurantes del centro histórico, cuya visita se nos hace impostergable. Lima, aunque a veces peligrosa, desalmada y cochina, sigue guardando en sus entrañas el alma viva de la buena cocina de antaño, tradicional y con mucha sazón.

Y uno de los mejores ejemplos es La Buena Muerte, no solo buena, sino que con precios aceptables y una música en vivo que para qué les cuento. Está ubicado en Jr. Paruro 465, entrando por Amazonas, cerca de la Iglesia del mismo nombre, en las fauces de los Barrios Altos, en la criollísima cuadra donde murió el Bardo Criollo, un 13 de mayo de 1936, mientras su compadre Pedro Espinel se debatia entre favores y angustias por conseguirle el tan ansiado oxígeno vital.

La Buena Muerte fue creación de los impulsores de la cocina nikkei en el Perú, Minoru Kunigami. Hoy, sus hijos recuerdan que Don Minoru fue hijo de inmigrantes japoneses que nació en Chancay, pero regresó casado del Japón para seguir su vida en el Perú. A este experto cocinero siempre le gustó la cocina, por eso es que aquí aprendió un poco de comida criolla. La Buena Muerte, dicen, fue primero una bodega pequeña para dar paso con los años a lo que es hoy, uno de los restaurantes más reconocidos del medio. Empezó así como jugando desde finales del 1959.

Hoy podemos disfrutar de ese arroz con mariscos verde o de ese aguadito de pescado insuperable, pero es en el saltado de pescado o en la chita a lo macho que simplemente llegamos al noveno plano astral de la delicia y la excitación máxima. No hay más acompañamiento para esos sublimes platillos que una buena cerveza negra, helada, cabeceada con rubia para los más valientes, unas rodajas infames del feliz rocoto, y se puede dar a la coronación excelsa de Lima antigua, el Tacu Tacu con salsa de mariscos. Y en este momento exquisito, Neruda y su caldillo de congrio pierden equilibrio, sin lugar a dudas.

Mi amigo Marco García sigue creyendo que los tamales de pescado son lo mejor de La Buena Muerte, aunque ciertamente él prefiere la versión gourmet del restaurante (San Borja). Sin más detalle, en cualquiera de sus dos versiones, la cocina nikkei está puesta de realce en esta santa sede de la culinaria. Y si de muerte se trata, como dicen los viejos, aunque jodidos, morimos pero contentos.

Miraflores, 27/05/2008

martes, 8 de julio de 2008

Fiebre Latina !!!

Prepárense, amigos, porque ya estamos por dar inicio a la más grande novedad de la red: el más grande y variado desfile de buena música desde este blog.

Y solamente para abrirles el apetito, les dejo esta pieza maestra, una verdadera joya que aunque se siga escuchando nunca dejará de sorprendernos y hacernos gozar ... el grito de monte adentro, la vieja india que llora con sus tambores encendidos....

http://www.youtube.com/watch?v=mEeUvMZySxo

Mucho ashé para todos

Promoción XLII Maristas - Huacho


Felicitaciones a los muchachos de la Promoción XLII Hno. Elías Ramos Valle (1988 - 2008).