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lunes, 21 de julio de 2008

El Corralito de Piedra

Dando varias vueltas por la ciudad en el taxi de Jairo, Edwin, Luis y yo llegamos a La Castellana, el centro comercial más grande y surtido de Cartagena. Encontramos de todo, incluyendo el famoso disco triple de colección con los 30 éxitos de Diomedes Dias, toda una institución en lo que a vallenato se refiere que Edwin estaba buscando hacía días, desde que se fue con el amanecer a la misa de la Virgen del Carmen el mismo 16 de julio en Blas de Lezo. Definitivamente, lo nuestro era conocer la ciudad real y no la que le exponen a los turistas únicamente circunscrita a la costa y la ciudad amurallada. Teníamos la firme convicción de sacarle el máximo provecho al poco tiempo que nos quedaba en Cartagena y tenía que ser desde adentro.


***

Fue en domingo que llegamos a Cartagena, como a eso de las dos de la tarde y, sin saberlo, en el mismo avión, un enorme pájaro de acero Avianca que nos sacó de la Lima nublada para recalar en la calurosa Cartagena. Las ganas de estar ya en Colombia se enfrentaban con las de volver pronto a Lima. Mucho de expectativa por el Seminario y por la gente que íbamos a conocer, y más de hambre y sueño a esa hora del día.

No bien terminaba de bajar del avión, un golpe de aire caliente me sacudió del lado del alma. En Lima, con su gris clima y su gris cielo, estamos acostumbrados solamente a los excesivos 28 grados en verano, y estos 30 de Cartagena, con la humedad pegajosa y el vapor galopante en los poros, me decían que la experiencia iba a ser más que religiosa.

El Hotel Caribe es realmente bueno, no exagerado en el lujo, pero cálido en atenciones. Y está perfectamente ubicado frente a la playa, en Boca Grande, cerca de las mejores tiendas de la Av. San Martín. En sus paredes, el sol derrama sus ternuras y la lluvia desmaya sus fuertes derrames, muestras del caribeño estado del tiempo que permanentemente hay en esta ciudad maravillosa del Atlántico colombiano: Cartagena de Indias.

Fundada en 1533 por don Pedro de Heredia, Cartagena desempeñó una función crucial como centro comercial y puerto de embarque de los tesoros de la Corona durante la época de la dominación española. Sufrió constantes asedios que determinaron su extraordinaria arquitectura militar, caracterizada por gruesas murallas, fuertes, cañones y baluartes. Como legado de aquellas épocas heroicas, Cartagena es hoy una de las ciudades más bellas de América, declarada además Patrimonio de la Humanidad. Pero además de ser la ciudad incomparable de las fortificaciones, las plazoletas, los claustros, los balcones y las pintorescas callejuelas coloniales, Cartagena ofrece a sus visitantes playa, mar y unas noches cargadas de atmósfera tropical, como aquello de la “Rumba en Chiva”, una creación demencial de alegría y desborde populares dentro de un viejo bus de madera que con las justas transita.



La mañana del lunes marcó el comienzo del Seminario Internacional de la Maestría. Casi 30 compañeros de distintas nacionalidades de nuestro continente nos juntamos para el encuentro presencial del postgrado. Un transporte nos esperaba desde temprano para llevarnos al Centro de Formación que no es otro que el antiguo Convento de Santo Domingo, edificación monumental de hermoso estilo religioso colonial que fue restaurado por la Agencia Española para ser utilizado como centro de formación de sus actividades académicas, pero conservando necesariamente la estructura y exteriores originales.

Y los vendedores ambulantes de la entrada, el calor de la mañana y la bandeja paisa del almuerzo nos dejaron muy claro que estábamos en Cartagena, si acaso la noche nos regresó imaginariamente a nuestras castas y respectivas casas. Fue esta la primera de las jornadas académicas que estaban programadas para la semana. La camaradería de nuestro grupo se hacía más que evidente, acaso por la emoción, por la personalidad de los componentes o por las ganas de pasarla bien, sencillamente.

Y pasaron los días entre exposiciones y trabajos grupales. Nos integrábamos cada vez más y realmente llegamos a disfrutar del viaje. Por mi parte, sentí que faltaba conocer más, Edwin y Luis coincidieron conmigo y fue así como nos lanzamos a buscar más de la ciudad.


Para el martes ya habíamos irrumpido con bailes y rones en el Tu Candela, el local quizás más movido del centro, con un ambiente apto para todos y derroche de alegría. Pero el miércoles significó ya actividades individuales, por un lado conocer la ciudad, tomar las fotos que faltaban, hacer compras o simplemente caminar, el deporte favorito de los centroamericanos, sin mencionar su predilección por los masajes a manos de las morenas más hermosas de la playa de Cartagena. Por mi lado, preferí recorrer las tiendas del centro y las de la costa, buscando posibles recuerdos para el retorno a Lima. Por la noche, un delicado y frío Ron Añejo de Caldas me acompañó en la habitación mientras organizaba mis primeras compras.

Ya orgullosos de nuestro pequeño conocimiento de la ciudad nos lanzamos a recorrer la parte no conocida y a buscar comida de verdad. En La Boquilla pudimos disfrutar de sendos pargos rojos y róbalos frescos, fritos y guarnecidos por los perfectos patacones. Un tanto distinto de sabor en relación con lo que se disfruta en Lima, el almuerzo de ese día fue nuestra manera de darle a Cartagena las gracias y un sentido homenaje por la acogida. Regresamos al borde de las 6 por la carretera de la bahía de vuelta a la ciudad. El tráfico se parecía al de Lima, muy pesado y con calles en reparación, lo cual entrecortaba más aún la fluidez de aquel atolladero de carros y motos. Esa misma noche nos entregaríamos rotundamente al placer de la juerga cartagenera como fin de fiesta con todos los compañeros del grupo.

La despedida de Cartagena fue triste, transmitida por los profesores españoles, los cartageneros del centro de formación y los compañeros latinoamericanos de la Maestría. Una lluvia de fotografías se disparaba como diáspora de emociones, como trance final de algo que se había formado sin pensarlo, una buena amistad intracontinental.



El viaje de vuelta fue rápido y ligero. La Lima gris me esperaba de nuevo, con su vientecillo regalón y su indiferencia citadina a flor de piel. La experiencia había quedado atrás, pero quedaba la sensación de que el tiempo estaba ganado para mejor. Hasta ahora nos enviamos mensajes de saludos y nos reímos silenciosamente cuando recordamos a las morenas masajistas de la playa en busca incesante de dos de nuestros compañeros.

Una inolvidable experiencia que nos ha marcado a todos, sin duda. Nos vemos en Madrid, muchachos.

Miraflores, 23/07/2008

viernes, 11 de julio de 2008

Señor, tiene el disco de “endochena"

Quién sino él cuestionaría la guitarra de don Rogelio Martínez como instrumento colaborador dentro del formato de la Sonora Matancera o contar con lujo de detalles el largo periplo del viejo órgano del Coro del Colegio Manuel Pardo de Chiclayo en aquella legendaria grabación de villancicos que hasta hoy se escuchan obligados en cada Navidad. Quién sino él se atrevería a ser irreverente como adolescente cuando ya pasaba los sesenta, dictando aquellas soberbias cátedras de ron cubano y regalando sus lisuras estupendas en cada recuerdo o anécdota. Quién sino él, sobreviviente del saqueo en la Plaza Unión, sobreviviente del boom de las disqueras nacionales de la década de los sesenta, sobreviviente del viejo oficio de grabar cassettes, pero ante todo, sobreviviente de la vida urbana.
Yo escuchaba el programa Su Majestad el Bolero en la radio cuando estaba todavía estudiando letras en la Católica. Inusual, pero cierto; risible para los más, pero cierto. Leo Ramírez anunciaba en sus espacios comerciales que toda la música del recuerdo se podía encontrar en Jr. Palca 212, en el Gran Almacén Musical de José Sardón. Tomé nota del aviso para comentárselo a Leysser en la universidad. Él como yo, estaba escuchando muchos boleros por esa época y queríamos aprender más, así que decidimos aventurarnos.


Una de tantas, aquella tarde en que decidimos ir en busca del dichoso jirón Palca estaba nublada, sombría, y ya era un poco tarde para seguir buscando. No sabíamos que Palca era una pequeña callecita del límite de Jesús María con Lima, cerca del Mercado que se ubica en la Av. 28 de julio, frente al antiguo edificio del Ministerio de Aeronáutica. Encontramos una reja verde cerrada, pero igual tocamos el timbre –eso decía el diminuto cartel al lado- esperando alguna respuesta. Ya estábamos por irnos cuando aparece un ser mitológico, un enorme señor, casi calvo y casi ebrio, dando saltos y gritando a voz en cuello qué buscan, a quién buscan, nos miramos y decimos casi a la vez, el gran almacen musical de Jirón Palca, está cerrado, estábamos buscando discos, qué cosa están buscando, boleros, ah bueno pero ahora no puede ser porque estoy ocupado, y nos fuimos con el firme propósito de volver pronto. Y asi fue, a la semana siguiente, viernes, estábamos ahí y nadie nos detendría.


Fue emocionante entrar a aquel pequeño templo de la historia musical, cuyas paredes perfectamente cubiertas de fundas de vinilos decoraban el salón principal y la trastienda, una sacristía guardada para los elegidos. En esa tienda concimos a conductores, cómicos, cantantes y coleccionistas, además de su grupo de amigos infaltables, Popi el Pulpo, el Esdrújulo y el flaco Manuel Zapata. Pero desfilaron figuras como Leo Ramírez o Ramón Alfaro. La magia de aquellas tardes no conoce forma de ser descrita en líneas escritas, tiene que vivirse, de eso se trata todo en la vida, de hacerlo más que decirlo, esa es la primera regla que aprendì de Pepe. La segunda regla fue muy simple, la gaseosa para el cuba libre debe ser siempre helada. Y la tía Elsa de la tienda de la esquina, aquella que acdereaba por su problema físico y que sabía muy bien lo que pasaba en esas sus cuadras aledañas, puede dar cuenta de esa tercera regla.

No hubo tarde en que no se escuchara la mejor música. Fue una intensa cátedra de vida. Un hombre de espíritu joven, fuerte pero sensible, con arrugas en el cuerpo y en el alma, pero siempre atento y amable. Hombre de bochas y de música. Hombre de ron. Gracias a Pepe conocí no sólo al Havana sino al Matusalén y al Añejo de Caldas o al Meyers. Y eran los quesos arequipeños, las aceitunas, las salchichas y los inefables cavanossi toda la parafernalia de la tertulia de cada viernes, entre la Sonora Matancera y Los Morochucos, como si fuera la primera vez que los escuchaba, acaso la última en esa forma.


Leysser fue pocas veces, de hecho dejó de ir a los dos meses a lo sumo, pero yo me volví sumo sacerdote del templo dedicado al ron y la música. Así como fueron pocos y muy raudos los forasteros que llegaron por ahí, era vcomo llevar invitados al show de The Simpsons, el Chino Oyata, Marco Garcia, el Gordo Javier, Neto Segovia, y siguen. Todos fueron, llegaron alguna vez, para que lo vieran, era un semi dios para nosotros, para mí.

Y la vida me lo arranco, sin saberlo, una vez más. Cuando llamé para saludarlo por su cumpleaños el 24 de junio me contestaron que ya no estaba. Me quedé silente en el teléfono, como cuando Josemari se marchó sin decirme nada. Me quedé ausente, pensdado en las tardes vividas, en los rones aprendidos, en las merlusas fritas de las 2 de la mañana de la Plaza Bolognesi, en las eternas tertulias de música, en las anécdotas y secretas confesiones, en la calva prodigiosa. Me quedé contigo para verte el próximo viernes, Pepito Sardón, un viejo maravilloso de casi 70 que me dejó ser su amigo, como pocos, como nadie.


Que en paz descanses, Pepito.

Miraflores, 11/07/2008

Falete - Señora

Fue gracias a Hector Ñaupari que descubrí a Falete, toda una instituciòn del regodeo doloroso y de la tragedia cantada. Qué extraordinaria fue escuchar a Falete aquella noche en tu casa, Hector, con tu esposa, Marco y Patty. Qué extraordinario es escuchar a Falete es esta canción, que como todas, está cargada de su emotividad y su extraordinario talento para conmover al más frio corazón, al alma más fiera. Rocío Jurado, esa maestra del canto llanto, fue quien nos regaló esta pieza y es Falete quien la realza de la manera más cruda que se puede, la única manera que conoce, la que viene desde el lado del alma.

Gracias Héctor!

Sonora Matancera - Mala Mujer

Durante las presentaciones de los 65 años de la Sonora Matancera, esta fue una de las presentaciones más aclamadas, si bien es cierto, es uno de los cantantes jóvenes de la agrupación, se trata de un tema extraordinario y muy bien interpretado por el excelente cantante Jorge Maldonado.

Durante muchos años, en Lima se disfrutó del programa ESTA ES LA SONORA MATANCERA, conducido por don César Caro Machuca, una verdadera institución en lo que se refiere a la legendaria agrupación de Matanzas.

Otro de los pilares de la Sonora es sin duda don Ramón Alfaro, a quien tuve la oportunidad de conocer gracias a don Pepe Sardón (QEPD) en una de aquellas interminables tertulias y sobre quien está pendiente la crónica y el homenaje debidos.

Para la Sonora de Rogelio, sólo hay posible una manera de mantenerlos vivos y frescos en el recuerdo de la gente, oyéndola. Sus discos son eternos y merecen ser siempre escuchados, no omporta lo que nos digan estas nuevas generaciones, siempre hay que volver a los orógenes. Después de todo, ya los viejos dijeron antes todas las verdades.

Mucho ashe para todos.

Miraflores, 11/07/2008

jueves, 10 de julio de 2008

Alma chicana, manos latinas.

Poncho Sánchez y su homenaje al soul

Más de una vez nos hemos dado con la grata sorpresa de encontrar la voz de Andy Montañez en discos no imaginados u homenajes, en conciertos y en una que otra agrupación de catálogo (denominadas all stars), pero cuando lo hallamos al lado del conguero Poncho Sánchez en su más reciente entrega discográfica, nos damos un banquete irrepetible. Esta cita es con Poncho, con su nueva producción y con el alma de un chicano universal, un conguero eterno que tiene mucho más que decir.

En lo personal, yo recuerdo que fue gracias a mi amigo Roy Rivasplata y a su genial idea de incluir un tema de Poncho como cortina de su programa de toda la vida Salsa Picante que descubrí a Poncho Sánchez. Fue el Quidembo[1] el que me atrapó y hasta ahora no me ha soltado.

En la web oficial de Poncho Sánchez[2] encontramos ya la reseña de su nueva placa Raise your hand, aparecida en el medio el año pasado y que viene a sonar con la fuerza y vitalidad a la que nos tiene acostumbrados. En esta ocasión, Poncho despliega un perfecto equilibrio entre el soul que tan bien ha sabido encarnar y la salsa más sobria y elegante que podríamos habernos imaginado.
Nacido en Laredo (Texas), Poncho[3] fue criado en Norwalk (California), recibiendo permanentemente influencias desde dos vertientes, la afrolatina y la afromericana. El despunte de Poncho llegó en 1975 cuando, con tan sólo 23 años, fue parte integrante de la banda del extraordinario vibrafonista Cal Tjader, historia que ya todos conocemos.
Desde ahí, su despunte ha sido imparable. Fichado como ha sido por el sello Concord, ha escrito por sí solo y a fuerza de trabajo arduo y talento indiscutible su propia parte en la historia del latin jazz, no sólo por el paso obligado del tiempo, algo que afecta a todos los músicos por igual sino porque su toque peculiar ha sido huella preponderante en la formación hasta nuestros días de una propuesta musical de innegable sello.

Su discografía es toda fundamental. Sus entregas han dado cuenta del virtuosismo y fuerza que pone en las congas y de una elegancia que pocas veces ha sabido ser puesta en escena con tal despliegue. Y no solamente en un género, al contrario de muchos contemporáneos Poncho se desplaza a lo largo de la costa samba con maestría inusual, sabiendo hablar en lenguas propias a cada corazón como si fuera uno solo. Cada placa ha sido una vitrina perfecta para demostrar que tanto en la salsa como en la rumba, en el jazz como en el r&b, ha sabido plasmar una marca única. Y no se trata del estilo de los músicos que lo han acompañado, porque han desfilado varios talentosos instrumentistas por sus filas y la magia se mantiene.

Hoy, tras 22 producciones de excelente propuesta musical, Poncho nos vuelve a entregar el fruto de la combinación planificada y estudiada de los ritmos, como los surcos Rosarito y Amor con amor, estupendas muestras de ritmo y sabor apretaditos, sincopados, elegantes y delicados. Y si de fuerza afroamericana se trata, el Conguero nos ofrece pistas como el propio Raise your hand y Knock on Wood, posibilidades estupendas de demostrar que el alma viaja a distintas velocidades en un solo cuerpo, cuando se aprendió a caminar en una lengua y a hablar en otra. Y la magia continúa en tracks como Dónde va Chichi? y El Agua de Belén, pretexto perfecto para escuchar al maestro Andy sonear con la prestancia que sólo él puede a sus años. Yo recomiendo personalmente cerrar la sesión con Tropi blue y Shotgun, retornos necesarios a dos terrenos en los que Sánchez se mueve como pez en el agua, el latinjazz sencillo y rítmico, con ligeros vientos y conga marcada, y el viejo soul, cadencioso y sensual.

Me detengo en El Agua de Belén por ser la pieza de homenaje del álbum. Antología de voz y recuerdo del maestro Tito[4]. Considero apropiado oírlos juntos, para denotar el extraordinario arreglo que nos quiere regalar Poncho en esta cuidada producción, donde además debo advertir especial énfasis al bajista y al timbalero que se lucen sobrios y plantados.

Acompañan a Poncho en esta producción, los señores David Torres en piano y órgano, Javier Vergara en los saxos el tenor y alto y flauta, Ron Blake en trompeta, Francisco Torres en trombón, el ya legendario Tony Banda en bajo, George Ortiz en timbales y Joey De León en bongos y congas.

Pero sin duda, siempre es lo mejor deleitarse con las ejecuciones de Poncho a 3 congas, la que despierta la sensualidad del instrumento, de la percusión toda y de la pieza musical, con los golpes melódicos de los vientos y la cadencia sincopada y galopante. Maceo’s house en la mejor pieza para reconocer el golpe apresurado y técnico del maestro, un verdadero deleite de ritmo y de vitalidad.



Muy fresco y soberbio, es la mejor forma de describir este disco, para cerrar esta nota. Un disco redondo, como hay pocos, con el balance natural de ritmos, talento y sabor, que enciende el alma y nos deja una estupenda sensación. Un ron cubano con hielo y unos buenos audífonos nos llevarán directamente al éxtasis.

Fuerza Conguero, que alma chicana tienes y manos latinas de madera, de tierra, palo santo, mar y arena, energía pura, rastro de luna sobre la noche, golpe de tambor seco y vivo, ritmo de la vida. No se lo pierdan.

Miraflores, 10/07/2008

[1] El tema Quindembo aparece en la producción Papa Gato de 1986 para Concord Picante Jazz.
[2] http://www.ponchosanchez.com/raiseyourhand_preview.html
Puedes encontrar información complementaria y/o adicional en:
http://acidconga.com/raise-your-hand-poncho-sanchez/
[3] Ildefonso Sánchez nació en Laredo (Texas) el 30 de octubre de 1951.
[4] La versión original de El Agua de Belén apareció en 1968 en la producción Estoy como nunca de Tito Rodríguez para United Artist, el cual marca su retorno a New York luego de una extensa experiencia en la televisión puertorriqueña.