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martes, 5 de agosto de 2008

Por el amor de Dios! Llegó el momento de las cosas buenas: Leche de monja

Hace muchos años, mi tío Fernando Calle me dio a conocer un libro estupendo sobre recetas antiguas de platos, dulces y licores de Moquegua, entre la que se destacaba por su originalidad la Leche de Monja. Entre comentarios familiares, descubrimos que mi bisabuelo don Gregorio Montes Malo era uno de esos impenitentes adictos a este brebaje, y que además lo preparaba muy bien, algo que era encomiable de suyo.

Años después, cuando tuve la romántica oportunidad de vivir en la Heroica, un amigo mío nacido en la bella Arequipa pero venido de ascendencia moqueguana me proporcionó de fuente directa una botella de Leche de Monja. Era la abuela del chino Lucho Carrillo una adorable y predilecta anciana que entre muchas virtudes y otras sinvergüenzuras se daba el lujo de contar con la receta auténtica de la Leche de Monja. En ese momento, cuando tuve la suerte privilegiada de conocerla, saludarla, tocarla y escucharla, mi éxtasis estaba en sus niveles más altos, no sólo por tener la extraordinaria oportunidad de ver el proceso de elaboración más tradicional y moqueguanamente auténtico del afamado licor sino porque, además, nos dimos una de esas borracheras de antología que es mejor no recordar.

Moquegua es, a propósito, una tierra muy cálida, andina ciertamente, con callecitas en ascenso y regreso, con un sol vertical que sancocha los sesos, la modorra a flor de piel y las mejores paltas del Perú. Es la tierra de los guargüeros con manjarblanco, del caprichoso y afamado cerro Baúl, del cuy chactado y la sarsa de patita, y por supuesto del pisco Biondi. Con esta entrega va mi homenaje al pueblo moqueguano, al chino Lucho, a su tan especial abuelita y la Leche de Monja.


Con sabor a Perú, les dejo esta receta, pero hay que prepararla y tomarse una copita.

Receta

Ingredientes: 8 a 12 huevos, pisco, azúcar, jugo de 1 kg. de limones aprox. (lo necesario para cubrir los huevos).
Preparación: Debe dejarse reposar los huevos con el jugo de limón en un frasco de vidrio, hasta que los cubra. Se debe cerrar el frasco herméticamente y refrigerar durante 2 ó 3 semanas. Luego del tiempo de reposo, los huevos ya suaves y semidestruidos deben licuarse o batirse para lograr una solución homogénea. Una vez obtenida la mezcla debe colarse para eliminar las impurezas. Finalmente, se agrega azúcar y pisco al gusto.

Costa Rica bajo los Ángeles


“La Negrita” de Costa Rica recibió en estos días en peregrinación la visita de sus buenos hijos, los que la veneran y se protegen bajo su manto, en lo que es quizás una de las celebraciones religiosas más importantes de Centroamérica, no solamente porque aglomera un número multitudinario de fervorosos seguidores sino por la magia cultural que encierra el sentimiento religioso de nuestros pueblos, tan arraigado en la América mestiza.

La historia original de esta advocación de la Virgen María se remonta a la ciudad de Cartago del año 1635, en Puebla de los Pardos, cuando Juana Pereira tuvo la dicha de ver su diminuta imagen sencillamente tallada en una piedra oscura, visiblemente colocada sobre una gran roca en la vereda del camino. Desde ahí, la tradición de la Virgen de los Ángeles, Santa Patrona de Cartago (1872) y de Costa Rica (1824), ha ido creciendo más con el paso de los años y el aumento de la fe de un pueblo que, como los demás pueblos mestizos, siguen fieles las tradiciones de los antiguos y de la religión.

Para Andrea de 12 años, Paola de 10, Claudia de 7 y Juan Carlos de 4, los hijos de mi amigo Carlos Gómez, lo mejor de la festividad llega con la víspera, cuando por lo general es cuando se inicia la peregrinación desde todos lugares de la pequeña pero encendida Costa Rica. Este año es especial por los feriados, sólo que ha llovido mucho este año, y es ahí cuando se demuestra el fervor de los romeros, a pesar de que hay algunos lugares del trayecto donde baja mucho la temperatura, como aquel cerro que lleva el obvio nombre de Cerro de la Muerte, que debe su fama a que en el pasado, al no existir caminos, debía ser atravesado por los peregrinos, siendo ésta una de las montañas más altas que tiene el país, con 3451 metros de altura.

Socialmente, la idea de la protección de la Virgen de los Ángeles siempre ha estado ligada al pueblo costarricense. Quizás sea el punto más álgido de esta bendición que Costa Rica agradece cada año el hecho de que en 1824, tres años después de la independencia de España, el territorio que integra a casi toda la provincia de Guanacaste decidió anexarse a Costa Rica y no a Nicaragua, lo cual significó asegurarse para sí una región rica en producción agrícola, el llamado “granero de Costa Rica”. En la actualidad existen fincas ganaderas, cultivos, así como mucho del folclor y el acento especial de la gente que vive en la zona de la ciudad de Liberia.


La Virgen es protectora con el pueblo, así lo han entendido todas las culturas que pueblan este continente. Desde antiguo, las celebraciones religiosas han denotado una verdadera entrega de la humanidad hacia lo divino, atrapados por la tradición y envueltos por la conciencia de lo finito. El destino de los hombres se ha visto ligado muchas veces a hechos catastrófico, eventos que han unido irresistiblemente la vocación dependiente de las masas a la presencia divina de Dios o, en este caso, su madre. Por ejemplo, en el caso de la Virgen de los Ángeles, al poco tiempo de aparecida, los vecinos decidieron hacer una ermita en el lugar, sin embargo, ellos estaban empeñados en hacer un templo digno de ella a cualquier costo. Fue en el año de 1681 que el templo estuvo prácticamente terminado. Por desgracia, la iglesia quedo destruida pocos años después de estrenada, con el terremoto de principios de enero de 1715.

Tras ello, los fieles se organizaron para levantar por segunda vez el templo, iglesia que se terminó entre 1723 y 1727. Después, poco a poco lo fueron ampliando y embelleciendo, pero quedo nuevamente destruido después del terremoto del 7 de mayo de 1822. Dos años después volvieron a organizarse para iniciar los trabajos de la construcción de otro templo. Entonces ocurrió otro terremoto, el 2 de setiembre de 1841, que dañó parte de la estructura, pero pudo repararse. Sin embargo, el terremoto del 4 de mayo de 1910 lo destruyó por completo. Una vez más, los devotos de la Virgen se organizaron para iniciar las obras de la actual basílica, que se terminó en 1930. Esta estructura tiene bases antisísmicas que han resistido muchos temblores e incluso el terremoto de 1924, cuando el templo todavía estaba en construcción.

Este año, Carlos y sus hijos volverán a peregrinar a Cartago para ver a La Negrita una vez más y disfrutar de la paz que le brinda a los corazones el fervor de la gente, y darle gracias por las bendiciones para la familia y el pueblo todo. Si tienen suerte y la Virgen así lo permite, este año, al menos en el día central 2 de agosto, no lloverá, pero la humedad de las almas vivas que viajan desde lugares tan remotos como San José o San Vito será más que suficiente para fertilizar la fe en los pequeños y de los grandes.

Bendiciones para Costa Rica y que la Virgen de los Ángeles los proteja.


Nota.-
Un agradecimiento especial por el soporte en la elaboración de esta nota a mi amigo Carlos Gómez Mora y las web:

lunes, 4 de agosto de 2008

Poema LVII

Hay heridas que el tiempo no olvidará
por más que los años se disipen en lágrimas
y la senda tan solo sea historias que inventar
no hay remedios, imposible vuelta a la página.
Las noches se pueden adornar de estrellas
y la soledad ser la luna más lúcida y bella
pero el pasado lastima más en la penumbra
destruye el instante de paz más que nunca.
Penado a transitar recogiendo migas de felicidad
en un mundo que olvidó lo espiritual del amor
lo emocionante que es ver los ojos del corazón
cuando del alma nace un tequiero aún más allá.
Hay recuerdos que eternamente permanecerán
atormentados los días restantes al obscurecer
por más que el viento se vista de suaves caricias
porque esas caricias serán el hoy de un triste ayer.
Lima, 08/01/2007

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Este poema forma parte del compendio inédito MAR DE SUEÑOS AZULES de un joven poeta de la más reciente generación de intelectuales de provincia que, desde las extremas horas de la postmodernidad y la globalización, mantienen viva la vena del arte profundo y el canto del alma. Esta, estamos seguros, es la primera de una serie de entregas, abriendo la sección poética de este blog. Esperamos sus aportes.

domingo, 3 de agosto de 2008

Hace cuánto tiempo que no eres feliz?


Una pregunta difícil de asimilar y mucho más de contestar. Y es quizá el momento más importante de la película recién estrenada y tan esperada, basada en la serie de televisión que tanta acogida ha tenido entre románticos, escépticos y mortales. Al enfrentarse con la dolorosa realidad de que en los cuarentas las relaciones humanas, y específicamente las sentimentales, pueden tornarse mucho más complejas por razones distintas a las que no atormentan a los veintes o los treintas, los personajes centrales ven pasar sus vidas como ilusiones o productos de la irrealidad provocada por el orgullo o la insensatez. Es ese cúmulo de sensaciones lo que se vuelca en la pantalla grande en la cinta Sex and the City.

El programa, una serie estadounidense de televisión por cable basado en el libro del mismo nombre escrito por Candace Bushnell, se transmitió por primera vez en la cadena HBO desde 1998 hasta el 2004. Ambientado en la ciudad de Nueva York, el programa trata acerca de las vidas y vivencias de cuatro mujeres que son muy buenas amigas, tres de las cuales están en el final de sus treinta años, y una, Samantha, está en los cuarenta. Una comedia de situación con elementos dramáticos, el programa a menudo abordaba problemas socialmente relevantes, como el papel de la mujer en la sociedad y lo complejo de las relaciones en pareja, cómo buscar el amor y cómo administrar las emociones y sentimientos una vez que se lo encuentra. Sex and the City fue estrenado el 6 de junio de 1998 y el último episodio original se transmitió el 22 de febrero del 2004, luego de 6 temporadas. Este año fue estrenada la película, dirigida por Michael Patrick King, quien estuviera vinculado a exitosas series como la propia Sex and the City, Will & Grace y Murphy Brown.


La historia que nos cuenta la película, dentro del estilo mismo de la serie, da giros inesperados en la trama, fiel al estilo impuesto durante los años de duración de las 6 temporadas, que reflejan la vida misma, compleja y natural como es el enmarañado e intrincado hilar de las relaciones humanas, donde las parejas terminan, los amores maduran y las preocupaciones cambian. La temática de la búsqueda del amor, que es abordada durante la serie, toma un nuevo rumbo para buscar la manera de administrar el mismo sentimiento cuando ya se lo ha encontrado y vuelve a truncarse o cuando el corazón queda roto por enésima vez.

Hay lugares comunes que se pasan por alto, quizás por la benevolencia propia del alma más que la del espectador. Pero sucede que la vida está llena de lágrimas agotadas, desengaño, desesperanza, olvido, recuerdo, perdón e inesperada ternura. Por eso el éxito de la historia, porque nos refleja claramente las sensaciones y sentimientos de los seres humanos. Algunos incluso, al borde del llanto benéfico, liberador, contemplativo y convalidante.

Se trata de una película interesante por las enseñanzas, ágil por el tratamiento, nostálgica por el contenido y liberadora por el mensaje final. Y siempre queda el amor, el trinfante amor, no hay duda, de alguna extraña manera, de muchas maneras.


Y leyendo las reseñas, viendo la película y recordando las vivencias propias y algunas ajenas, no puedo dejar de preguntarme si acaso es posible que exista un estado final de amor así como siempre se ha cuestionado que exista uno de felicidad? ¿Cuántas veces podrá el corazón humano seguir perdonándose y perdonando al otro? En ese caso, la respuesta a todas las preguntas es relativa, parcial, inexacta. Y finalmente, seguimos tras la huella del amor y, por ende, de la felicidad, suponiendo que lo primero nos lleve necesariamente a lo segundo, si no para qué seguimos caminando?
Como dice Carrie al final de la cinta, la vida no es cuestiòn de lógica sino de amor.

sábado, 2 de agosto de 2008

Feliz día, Perú!


Cuando una persona debe dar cuenta de sus competencias habla de sus cualidades y de sus defectos. Es lo más sano, psicológicamente hablando, que un individuo sepa identificar ambas, demuestra así su propio reconocimiento y la admisión de que es perfectible. Pero, honestamente, no nos gusta hablar de los segundos, mas sí de los primeros y exageradamente. Es natural al ser humano. Igual sucede con los países.




El Perú es un país rico en todo, con enormes cualidades y ventajas, pero es también un grupo humano lleno de defectos, qué duda cabe, envidias y mezquindades. De hecho, la historia de nuestro país está plagada de episodios lamentables de desamor a la patria y de falta de identidad, algo que se nos sigue endilgando a las generaciones presentes y que de seguro será tópico de amena charla o ferviente discurso en el mañana. A la pregunta tan recurrida sobre la jodedumbre de este país, la respuesta a mi modo de ver es simple y la construiremos juntos en las siguientes líneas.


Hace mucho, con algunos amigos intelectuales, lograba identificar las señas de la choledad, este producto inefable de la identidad de lo peruano que nos acompaña diariamente, como la perfecta amalgama de razas mestizas o la histeria colectiva de algunos pueblos altoandinos, algo que muchos han venido en llamar peruanidad y otros huachafería. En los noventas veíamos tomar forma a la cultura “combi”, algo que se gestó en la Lima de extramuros desde los setenta, pero que tardó en consolidarse muchos años hasta lograr hornearse en esta infesta de nubes grises y ánimos caldeados.



Hace poco, mi buen amigo Javier Perea me comentaba lo inverosímil que puede sonar en algunos bienaventurados el sentido de su patriotismo y sus elogios a la peruanidad cuando se nota que la persona hace shopping en Miami, desayuna en el San Antonio, toma sol en Asia y vive en el Golf. No es lo mismo ver al Perú desde los amplios ventanales del vigésimo piso de un edificio sanisidrino que desde los recovecos empinados del cerro San Cosme. Como dijo Rubén, "todo es según el color del cristal con que se mira ..."



Hay tantas cosas admirables y detestables de este bello país. Desde el que siente que todo lo puede por el color de su piel o por los dólares en su cuenta bancaria, hasta el que se orina en las calles del centro de Lima; desde el que suda a lomo partido en la Parada hasta el que roba descaradamente a costas de los demás desde su oficina gubernamental; desde la vieja costurera chismosa de algún distrito medio hasta el flete desalmado de cualquier parque. Ese es mi país, la tierra del jazmín, los geranios y las rosas, un lugar donde se le paga a futbolistas por perder partidos, una tierra donde perdemos desde un trapecio geográfico hasta un destilado de uva. Cuánto te quiero Perú.



¡Feliz 28 de julio, peruanos!