Empezaremos el análisis del bolero y de sus tres tópicos con el amor no correspondido, esa fuerza encendida que nos consume desde dentro para sancochar nuestras entrañas y latirnos en la sien sin que podamos hacer nada, tan solo llorar o mirar val vacío, con alcohol o sin él. Lisandro Otero, un especialista en el Bolero, ha señalado sin equívoco alguno que en las letras del bolero en general aparecen tres opciones: el amor correspondido, el amor no correspondido y el amor traicionado. Hoy nos enfocaremos en el segundo de ellos. Como ya es costumbre en este Blog, documentaremos la nota con los boleros más pertinentes que a los que podemos recurrir para graficar y aproximarnos al cabal entendimiento del tema tratado. Debo mencionar que todos los boleros pertenecen a mi colección personal, ubicados, estudiados y embebidos en años de búsqueda frenética de la inefable verdad sobre el bolero y sobre la vida. Gracias una vez más a mis maestros de tantos años.
El sufrimiento como premisa fundacional para el aprendizaje de la vida es una verdad a ciegas. En mala hora muchos de nosotros hemos padecido de alguna manera de algún amor no correspondido, o como dicen algunos poetas y locos, de esa extraña enfermedad que nos hace creer que esa persona tendría que amarnos con la misma intensidad con que nosotros exhalamos ese mismo sentimiento. Y es que el umbral entre la cordura y la demencia, en este tema, es casi imperceptible, es más que ese acto de fe o de perfección ética en el que incurrimos los que escribimos sobre el bolero o le dedicamos nuestros estudios o, simplemente, le damos un poco de nuestras carnes vivas.
Y no tengo dudas de que debemos abrir con la obsesión, el primero de los nombres de este amor tifoideico. Se han puesto a pensar en que “no habrá una barrera en el mundo que el amor profundo no rompa por ti”, amada mía, lejana, que quizás no sabes que existo, pero que a pesar de la oposición del destino tienes mi devota permanencia y contemplación, regalos que te doy tan solo por que sí. Ese primer bolero estudiado en esta nota –Obsesión- es quizás el más claro ejemplo de lo que se viene a decir: el amor obsesivo de aquellos que, aunque lejos y sin palabras, entregan sus cuerpos al solitario placer de la dedicación y la consagración. Porque no es ninguna novedad que el amor esta estrechamente ligado a la sexualidad; y es que no es sino la locura del cuerpo la que lleva a convertir la sana y humilde contemplación a la obsesión por la total posesión, no sólo de los días y las noches sino de los pensamientos y de las exudaciones todas. Una locura que más de uno sabrá reconocer en sus momentos más adolescentes y que nos arrebata una sonrisa sonrojada.
Mucho se ha escrito ya sobre el fenómeno de la música como expresión natural y esencial del ser humano, más instintiva que muchas otras de nuestras manifestaciones culturales, por cuanto ha sido ligada indesligablemente con la tierra y la vida en comunidad, la fecundidad y conservación de la especie. A este rubro, insertamos como tópico necesario el de los sentimientos, algo que nos diferencia de los animales pero que muchas veces nos rebaja a niveles inferiores, en la medida en que esos sentimientos y sus manifestaciones emocionales son tan oscuros que hasta los más encendidos palidecen. Porque nadie va a negar que por amor o en su nombre se han cometido atrocidades, locuras y bestialidades, de consecuencias luego advertidas y no queridas.
Pero más allá de las mezquindades particulares, el amor no correspondido ha sido identificado muchas veces en el bolero con sentimientos de desprendimiento, que lo acercan más a la certeza de que “algo no pudo ser” que a la embriagada convicción de que “fue” cuando en realidad “nunca se supo nada”. En este sentido aparece el bolero Inútilmente, interpretado magníficamente por Gregorio Barrios, quien es el trovador despreocupado que de despide de aquello que pudo ser pero que no fue.
Yendo un poco más en la ruta del amor. Qué hubiera pasado si ese amor casi inadvertido o desconocido se mostraba afectuoso y con la mueca correcta pero decidía que no debía seguir adelante, sin llegar a la traición, solo una cuestión de experimento interrumpido, una ilusión fugaz, un capricho del alma que aunque con besos locos de pasión se agota en la improbabilidad mas que en salto al vacío, como reza el bolero Una aventura más, una canción de vacío que existe en muchas versiones y que nos sigue diciendo que, “después de esa noche, ella se alejará de ti”.
Pero hay boleros que no se quedan ni en el olvido de la imagen ida de la amada no acontecida sino que, más allá de noblezas, declaran amores cobardes y sin esperanza, lastimeros, despojos sin alma por la soledad de la innecesaria crueldad de la vida que, pudiendo corresponder, prefiere otorgarle a las almas quejosas tan solo el látigo del desprecio y la indiferencia. Ahí están Cobardía, con la voz de Leo Marini y Amor sin Esperanza con Celio Gonzales. Esos cantos a la trágica escena en que con solo despertar ni siquiera gritando su nombre el amor será real, “malaya sea mi suerte”; y se bebe, y se llora, y se sufre, porque todo es recuerdo, todo es dolor, porque “aunque te busque, nunca te puedo encontrar”.
Y en todas estas historias el elemento común en el desamor, la no correspondencia, la imagen no reflejada, la mejilla solitaria, el beso frio contra la noche o la caricia huérfana que nada más que en la noche de cristal y de alcohol se entiende viva y se sabe clara. Y aún en medio de esa noche distante, algunos le siguen cantando al amor, con un bolero, algo así como cuando Lucho Gatica estaba Contigo en la distancia, una lírica de lejanía que, a pesar de la ausencia, se sien te henchido de amor, quizá cierto, quizá demente, pero amor al fin, parte del alma, parte de sí. Y al final queda tan solo la esperanza, porque es como siempre la que va al final y paga las luces, como en el bolero de Armando Manzanero. En Esperaré, el bolero alcanza su grado más elevado de amor al vacío, casi absurdo, pero no hay duda de que el baladro postrero es muy lírico y de una poesía altamente cultivada, porque hasta para ser trágicos hay que ser elegantes y tener dignidad.
¿Y después qué queda? Un trago y más boleros ¿no es verdad?
Como es ya una buena tradición, el primer sábado de febrero lo dedicamos al cóctel nacional, el Pisco Sour, elaborado en base a nuestro peruanísimo pisco. Esta cita imperdible para los que gustamos del buen pisco, promete estar muy acogedora y llena de propuestas por todo Lima, solamente resta darle tiempo y ganas.
Como se recuerda, por Resolución Ministerial 161-2004-PRODUCE, se instituyó "el primer sábado del mes de febrero de cada año, como el día del Pisco Sour, a nivel nacional", en reemplazo de la norma anterior que fijaba el 8 de febrero.
El nombre de nuestro aperitivo Pisco Sour se hizo famoso en la década de 1960, cuando diplomáticos, turistas, políticos, escritores y toda la gama de profesionales y artistas acudían al hotel Maury para saborear el delicioso trago. Aunque aun hoy muchos siguen asignándole ese privilegio al Bar del Hotel Bolívar o al desaparecido Morris, es muy sencillo acudir a los referentes históricos que datan y ubican desde mucho antes la elaboración del Pisco Sour en el Maury.
El Pisco Sour tiene un sitio preferencial en el listado de aperitivos internacionales desde 1977, cuando durante un congreso internacional realizado en Venezuela se incluyó dentro del rol de los 75 tragos que debe conocer todo barman.
Como sugerencias, les paso algunos datos sobre lo que será el próximo sábado 07 esta ya cuajada celebración:
- El Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú (MNAAHP) en actividad conjunta con el restaurante "El Bolivariano", celebrarán, el próximo sábado 7 de febrero, el Día del Pisco Sour en los jardines del museo, a partir de las 12 del mediodía. El ingreso será libre.
- El Miraflores Park Plaza ofrecerá ofertas y recetas especiales durante todo el mes de febrero, en especial el sábado 7.
- La comuna de Santiago de Surco realizará este jueves al mediodía en el parque de la Amistad el "Brindis Nacional" con Pisco Sour y se develará un busto en homenaje a Víctor Morris.
- El viernes 6 se realizará a las 15:00 horas el concurso de elaboración de Pisco Sour en la categoría estudiantes; mientras que a las 18:00 horas se presentará el libro "Pisco Sour: historia y tradición", del autor Guillermo Vera Díaz. El texto será comentado por tres destacados promotores de nuestra bebida de bandera: el historiador Luis Repetto, el periodista Raúl Vargas y el vicecanciller de la República, Gonzalo Gutiérrez. La cita continúa en el Parque de la Amistad de Surco.
- El sábado 7 continuará el concurso de elaboración de pisco sour en la categoría profesionales, a las 15:00 horas, y a las 21:30 horas se realizará un show artístico con la reconocida intérprete criolla Cecilia Barraza. Esto, siempre en el Parque de la Amistad de Surco. Las celebraciones culminarán el domingo 8 con el concurso de elaboración de Pisco Sour en la categoría campeones, a las 15:00 horas. Todas estas actividades tienen ingreso libre.
- Las municipalidades de San Miguel y Pueblo Libre también han organizado sendas celebraciones en honor de la bebida de bandera. En el primer caso, tendrá lugar un acto especial en el parque de la Media Luna, donde se degustará el exquisito Pisco Sour, preparado por destacados bartenders.
- Tres mil copas de Pisco Sour serán repartidas el próximo sábado 7 de febrero en Ica entre las autoridades, turistas y público en general que participarán en el denominado “Brindis de la Peruanidad”, a realizarse con ocasión del día de dicho cóctel.
- El JW Marriott Hotel Lima se une al homenaje con los más auténticos cócteles hechos a base de Pisco en su Lobby Bar, donde habrá un Happy Hour de 5 pm a 8 pm. El viernes 6 y sábado 7, día central de la celebración, habrá música y danzas peruanas en vivo desde las 8 hasta las 11 de la noche.
- Festival Gastronómico de Trujillo se realizará en el días del Pisco Sour. En la feria se podrán disfrutar diversos platos típicos de la zona a lo largo de treinta stands que se instalarán en el patio del local central de la Universidad Nacional de Trujillo (UNT), ubicado cerca a la plaza de armas de esta ciudad. El evento se desarrollará el próximo martes 07 de febrero desde las 11:00 horas. La entrada es gratuita.
- En Huacho, el importante evento se desarrollará los días sábado 7 y domingo 8 de febrero, en inmediaciones de la Plazuela Miguel Grau – altura del Malecón Roca. En esta ocasión, serán destacados productores vitivinícolas de la provincia de Huaura quienes ofrecerán degustaciones de sus mejores bebidas en sus diferentes variedades. En tanto, los que ocupen los primeros puestos recibirán un merecido reconocimiento.
Una tarde de verano en el Jardín trasero de la capilla del CAPU en la Católica, lo recuerdo como si fuera ayer, entendí que el bolero para mí era más que solo simples letras y música triste. Yo había estado hablando mucho con una chica de letras, de hecho, compartíamos muchas cosas y estaba empezando a interesarme en ella, pero esa tarde dijo algo que mi alma no estaba lista para escuchar, y honestamente nunca hasta siempre lo estará.
Su nombre no lo diré, pero ella sabrá al leer esto que haberme escupido en la cara su odio inexplicado por Leo Marini fue su más lamentable error. Esa misma idiotez que hoy que la recuerdo le trae sonrisas sonrojadas a mi añejo rostro fue la que me trajo sufrimiento aquella tarde de sol incansable en San Miguel. Y esa misma locura infantil ha ido marcando mi vida tras los años, como aquella vez que por entre los barrotes de la ventana me enamoré perdidamente de la muchacha que me confesó que Cómo fue de Beny Moré era lo mejor que jamás había escuchado, o la tarde nefasta aquella en que perdí a aquella misma muchacha en algo que todavía no termino de lamentar en medio de boleros sagrantes y palabras hirientes.
Mi vida ha estado marcada por el bolero, desde niño, y no me arrepiento, porque es con un bolero que recuerdo eterna a mi Mamma Oli y es con otros que sigo hoy de pie, haciendo latir mi corazón a través de los ojos de mi hija preciosa. Un bolero es y será, no tengo dudas, el motor de mis días, que así como te enseña a entender la vida, te educa para sobrellevarla a pesar de los días y las noches.
Cómo entonces, por amor de Dios, no amarlo ni dedicarle algo más. Desde el año de 1992 me he dedicado a estudiarlo, pero no fue sino hasta el año 2003, fatídico y simbólico, que empecé a vivirlos en carne y sangre. La carne la ponen las vivencias y la sangre, aquella que la legendaria combinación del ron con el vino sabe entregar al ser humano, despojo de sus más oscuros fantasmas, como bien decía mi viejo amigo Alex Arteaga, que hasta el de hoy se deleita en medio de libros y discos aunque cada día con menos cabello sobre sí.
Y vengo a decir la verdad y ninguna otra cosa, y aunque y más precisamente por ella misma, “con el alma llena de amargura y sin saber qué hacer, he venido aquí con esta duda a escuchar tu voz”, oh melancolía sempiterna, ladrona de corazones, fabricantes de ilusiones tardías, amor insomne de madrugadas calientes, lágrimas vivas que brotan del pecho, o de los ojos del alma, da lo mismo, al fin y al cabo, para eso existe el bolero después de todo.
Ya lo dicen los estudiosos, sólo existen tres temáticas posibles para el bolero bendito: el amor correspondido, el no correspondido o el traicionado, igualmente dolorosos todos, porque como dicen algunos de mis viejos favoritos, no vale más sufrir por amor que nunca haber amado. Entonces, llega a mi mente la demente idea de hacer un homenaje al dolor, la fatalidad, el recuerdo perdido, la nostalgia guardada, que son los otros nombres del amor, como le digo diariamente a mi amiga Mariella y menos veces a la gran Lili Carmela, que todo lo saben y todo o sienten, mujeres concebidas y cuajadas en el trance del bolero, ése que no nos permite seguir adelante con nuestros cinismos trasnochados ni las máscaras más elegantes.
En el mes del bolero, me temo, me debo, se hace necesaria, una catarsis con las historias de la vida, ese fuego bajo la piel que Los Panchos tan bien describieron y que me fuera enseñado por los mejores maestros que alguien puede pedir: Carlos Lértora, Pepe Sardón, Leo Ramírez, Johnny Albino, el dolor, la desesperanza, la nostalgia, la culpa, la soledad, entre otros, muchos otros.
Fue de niño que descubrí a Toña La Negra y a Eva Garza, y de adolescente a Los Panchos y a Los Tres Caballeros. Poco después, todavía imberbe, a Tito Rodríguez, Genaro Salinas y a Fernando Albuerne. Pero ya de adulto, conocí además a la vergüenza y la culpa, dos acompañantes inseparables del bolero. Aprendí a escucharlo, digerirlo y aceptarlo en mi vida, como un karma más que como una dolencia. Y de eso se encargaron los años y los fantasmas de mi vida.
Hay mucho por decir del bolero, entre estudios y sentidos testimonios de carne y alma, y a ellos dedicaremos este mes, para que aquellos que no terminaban de entenderme lo hagan, pero a través de un bolero. Qué viva el amor, lo único que sigue moviendo al mundo, tampoco tengo dudas.