Fue el primer hijo del matrimonio compuesto por Margarita Rivera García, ama de casa, y Luis Rivera Esquilín, carpintero ebanista. A Ismael le siguieron cuatro hermanos: Diego, Laura, Ivelisse y Tommy. De niño se distinguió por un apasionado interés en la música y se las pasaba improvisando con latas y palitos. A temprana edad debió abandonar sus estudios para buscarse unos pesitos como limpiabotas y así contribuir con el sostén del hogar. A los 16 años se inició como albañil, aunque se las pasaba cantando y tocando en los rumbones que se formaban en la Calle Calma y otros sectores del Santurce Cangrejero, en unión de su amigo y compadre Rafael Cortijo.

Aun después de desaparecidos físicamente, el legado constante de su música, sus malcriadeces manifiestas y entarimadas, sigue viviendo en ese mismo colectivo que los idolatró. Basta una salsa o un bolero para que todo quede olvidado y se posicionen de nuevo en el sitial que la esquina y el barrio les consagraron, sin importar excesos o desmanes, carcelerías o adicciones. Su canto es redención para todos y con mayor razón para ellos mismos.
Ya vemos su rostro en alguna que otra pared del Callao, Maelo estará siempre cerca del pueblo, cantando con su dominio del fraseo y con esa facilidad para las melodías, para meterse al público al bolsillo de inmediato, para hacerlos gozar. Y casi siempre regresaremos a sus clásicos, al Nazareno bendito al que tanto le cantó porque de cumplir las promesas se trata, sin importar lo que tenga que hacerse. Y se pasó la vida cantándole, al igual que a las Caras lindas de su gente negra, esas que lo encumbraron y endiosaron.
Algunos lo consideran pieza fundamental en la consolidación de la cultura latina contemporánea, leyenda de la cultura universal por su aporte y expansión artística a lo largo de sus años de carrera artística, primero al frente del Combo de Rafael Cortijo, como personificación de la agrupación, y luego como solista liderando a sus Cachimbos. Hombre de arte, de música, de salsa, sonero impredecible, cantante infatigable, amante de las tarimas y los micrófonos, encendido romántico y guapo para el canto del barrio, impregnó la música con su personalidad fuerte, con su presencia sobre el escenario. Leyenda eterna de la latinidad, aprovechó del mejor modo que supo la fama que logró cultivar y dejó la posta al mejor sonero de la actualidad, el elegante y soberbio Gilberto Santa Rosa, como quien tiene derecho a ungir al sucesor, lujo que en él quedó bien y más nada.
Sigue pa’lante, Maelo, como el elelefante…..
Expresión Latina Radio, sólo lo mejor
(Broadcasting live at http://ustre.am/pJrt)
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