sábado, 28 de junio de 2008

Setiembre, 23


Esa tarde fue especial, a pesar de que ya todo estaba preparado. Nos reunimos todos en la sala de espera de cirugia a las 12 del dia. Me permitieron entrar, felizmente. Yo llevaba mucha prisa, mas por ansiedad que por otra cosa, una camara de video al hombro y algo de nervios.

Entre a la sala de operaciones. Todo en penumbra, en silencio. Era comprensible, las circunstancias asi lo requerian, y mi vestimenta antiseptica era explicada por las mismas razones. Traia yo gorro de quirofano, zapatos de tela y mascarilla, toda la parafernalia de las cesareas desde tiempos inmemoriales.

Cerca de la 1 empezo la ceremonia. Un ritual escabroso, tanto que si yo hubiera tenido que atender algo parecido en otras circunstancias seria mejor no recordarlo. Pero la ocasion me exigia el maximo de lucidez y cordura. Debia ademas cuidar de que la camara registrara los minimos detalles para la posteridad.

Luego de la anestesia y de las recomendaciones habituales, comenzaron los cortes a piel viva. El desconcierto se abrio paso de entre los nervios, para luego recibir al estupor. Pude ver en ese instante las entrañas y la piel de entre el cuerpo agitarse con los movimientos de la cirujana. Llegaba el momento crucial de la locura, ese preciso momento en que el tiempo se detiene.

Y casi sin darme cuenta la sacaron desde el vientre. Agitandola para sacudir las mucosas y los flujos adheridos. Era algo asi como una masa informe, recubierta toda de babas blanco verdosas. No hubo llanto ni palabra alguna que rompiera ese silencio espectral, ese momento alucinado.

Tras todos los movimientos iba yo con la video camara, tratando de sobreponerme a la impresion y mantenerme en pie. Fui tras ella, pequeña estrella opaca de luz viva, criatura salvaje emergida del centro mismo de la vida, animal perfecto de mi ser, lagrimas bellas de mis lagrimas vivas.

La limpiaron y secaron su rostro. Rescataron su belleza intacta desde el mundo de los hombres convirtiendola en el angel que es hoy. Y me detuve a verla fijamente, como sacada de los cuentos increibles y las memorias eternas. No hubo palabra posible en ese instanste. Solo pensamientos, sensaciones y ternura.

Ya tenia nombre, asi que fue facil decirlo en mi mente, pronunciarlo sin temor, reconocerla en mi corazon, sin miedos ni penas. Fue entonces que, como rapto de locura, la senti mia, carne de mi carne, piel de mi piel, alma de mi alma. Fue entonces que lo dije muy quedo, solo para mi, solo para ella... Fabiana, mi hija.

Miraflores, 15/04/2008
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