miércoles, 23 de julio de 2008

Cataño, Cataño, Cataño

El apellido Cataño, rodeado de misterio, intrincados recovecos de historia perdida y largos trajinares por continentes y asentado en inusuales lugares, continúa hoy manteniendo su enigmática presencia en muchos países de América y Europa.

Mi “pariente”, el narrador y poeta canario José Carlos Cataño me ha brindado valiosa información para tratar de regresar sobre los pasos del apellido Cataño en el viejo y en el nuevo continente.



En cuanto al apellido, parece ser que procede de Catania (Sicilia). Aquella, es la segunda ciudad más grande de Sicilia; situada en la costa este, es la capital de la provincia que lleva su nombre. Con alrededor de 700,000 habitantes en su área metropolitana, a ciudad se encuentra limitada al norte por el Monte Etna, el volcán activo más grande de Europa. Fue fundada en el siglo VIII a. C., según Plutarco deriva de «Katane» ("rayadura"), por asociación con el áspero suelo del territorio lávico del que surge. Ha sido destruida siete veces por erupciones volcánicas y terremotos.


Desde ahí los Cataño pasarían a Génova y a España, a Sevilla. El Cataño que hay en España. tiene su base en Sevilla. Hasta donde se ha investigado, muchos de los Cataño, aunque procedentes de Sevilla, se instalaron en Islas Canarias, estableciéndose hasta nuestros días. Históricamente, según parece, los Cataño sevillanos, comerciantes y a lo mejor de ascendencia hebrea, tuvieron que marchar a Portugal y de ahí a América. Algún otro Cataño -muy anterior al padre de José Carlos, incluso- ya llega a Canarias con los conquistadores españoles pero no dejó descendencia.

En Italia, los Cataño tienen un antepasado común originario donde también se da la forma Cattaneo. Las investigaciones realizadas por el padre de José Carlos han dado la idea de que el apellido era originalmente Catanio, y que al pasar a España la estructura fue cambiada a Cataño incluyendo la muy española “Ñ”.

Ya en América, encontramos un antecedente portugués para el apellido, el joven soldado de caballería Pedro de Cataño, quien se opuso a la ejecución del Inca Atahualpa enfrentándose incluso a los mismos Hernando Pizarro y Hernando de Soto, considerándola una enorme injusticia. Pedro de Cataño creía que el monarca debía ser llevado a España para ser juzgado por el Rey ya que el Gobernador Pizarro no tenía competencia para sentenciar a un príncipe soberano en sus propios dominios. Por sus ideas contrarias, Cataño fue apresado.

Luego de la conquista, con la suscripción del Acta del Reparto , se le entrega a Pedro de Cataño el pago correspondiente a un oficial de caballería, en más de 8 mil monedas de oro . El acta fechada en Cajamarca, se elaboró sin duda unos días más tarde del 17 de junio de 1532.

Desde tiempos remotos, coloniales tal vez, los Cataño se asentaron en la zona andina de Lima, muy cerca a la capital, pero lo suficientemente alejada para denotar la fina separación que existió siempre entre el antepasado español y el conquistador codicioso. Esa zona de sierra baja se denomina Canta y mantiene un bastión importante del apellido hasta nuestros días.

En América hay una ciudad que lleva el nombre de Cataño. Ubicado en Puerto Rico, el puerto de Cataño se sitúa entre la bahía de San Juan y la ciudad de Bayamón. El origen se remonta al nombre dado en honor a un médico llamado Hernando de Cataño que prestó servicios médicos en este pueblo en el año 1569, cuando la isla de Puerto Rico fue gobernada por el español Francisco Bahamonde de Lugo. Se le conocía como el Hato de la Palmas. Es conocido como El pueblo que se negó a morir, La Antesala de la Capital, El pueblo Olvidado, El Pueblo de los Jueyeros y El Pueblo de los Lancheros. Esta ramal del apellido viene de Portugal, que a su vez deviene de Galdames, Bilbao y Portugalete (en Bizkaia), y del valle de Salcedo (Alaba).

Actualmente, hay insignes representantes del apellido en América y en el mundo dentro de lo artístico o cultural, lo cual demuestra mayoritariamente la predilección de la “familia” por las artes o la cultura, destacándose con talentos inmejorables los escultores y escritores en América y el Viejo Continente.

Gracias José Carlos, tu aporte nos da luces valiosas sobre el origen del apellido y nos compromete a continuar por esa senda. Hay Cataño para rato.

Miraflores, 23/07/2008
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