martes, 5 de agosto de 2008

Costa Rica bajo los Ángeles


“La Negrita” de Costa Rica recibió en estos días en peregrinación la visita de sus buenos hijos, los que la veneran y se protegen bajo su manto, en lo que es quizás una de las celebraciones religiosas más importantes de Centroamérica, no solamente porque aglomera un número multitudinario de fervorosos seguidores sino por la magia cultural que encierra el sentimiento religioso de nuestros pueblos, tan arraigado en la América mestiza.

La historia original de esta advocación de la Virgen María se remonta a la ciudad de Cartago del año 1635, en Puebla de los Pardos, cuando Juana Pereira tuvo la dicha de ver su diminuta imagen sencillamente tallada en una piedra oscura, visiblemente colocada sobre una gran roca en la vereda del camino. Desde ahí, la tradición de la Virgen de los Ángeles, Santa Patrona de Cartago (1872) y de Costa Rica (1824), ha ido creciendo más con el paso de los años y el aumento de la fe de un pueblo que, como los demás pueblos mestizos, siguen fieles las tradiciones de los antiguos y de la religión.

Para Andrea de 12 años, Paola de 10, Claudia de 7 y Juan Carlos de 4, los hijos de mi amigo Carlos Gómez, lo mejor de la festividad llega con la víspera, cuando por lo general es cuando se inicia la peregrinación desde todos lugares de la pequeña pero encendida Costa Rica. Este año es especial por los feriados, sólo que ha llovido mucho este año, y es ahí cuando se demuestra el fervor de los romeros, a pesar de que hay algunos lugares del trayecto donde baja mucho la temperatura, como aquel cerro que lleva el obvio nombre de Cerro de la Muerte, que debe su fama a que en el pasado, al no existir caminos, debía ser atravesado por los peregrinos, siendo ésta una de las montañas más altas que tiene el país, con 3451 metros de altura.

Socialmente, la idea de la protección de la Virgen de los Ángeles siempre ha estado ligada al pueblo costarricense. Quizás sea el punto más álgido de esta bendición que Costa Rica agradece cada año el hecho de que en 1824, tres años después de la independencia de España, el territorio que integra a casi toda la provincia de Guanacaste decidió anexarse a Costa Rica y no a Nicaragua, lo cual significó asegurarse para sí una región rica en producción agrícola, el llamado “granero de Costa Rica”. En la actualidad existen fincas ganaderas, cultivos, así como mucho del folclor y el acento especial de la gente que vive en la zona de la ciudad de Liberia.


La Virgen es protectora con el pueblo, así lo han entendido todas las culturas que pueblan este continente. Desde antiguo, las celebraciones religiosas han denotado una verdadera entrega de la humanidad hacia lo divino, atrapados por la tradición y envueltos por la conciencia de lo finito. El destino de los hombres se ha visto ligado muchas veces a hechos catastrófico, eventos que han unido irresistiblemente la vocación dependiente de las masas a la presencia divina de Dios o, en este caso, su madre. Por ejemplo, en el caso de la Virgen de los Ángeles, al poco tiempo de aparecida, los vecinos decidieron hacer una ermita en el lugar, sin embargo, ellos estaban empeñados en hacer un templo digno de ella a cualquier costo. Fue en el año de 1681 que el templo estuvo prácticamente terminado. Por desgracia, la iglesia quedo destruida pocos años después de estrenada, con el terremoto de principios de enero de 1715.

Tras ello, los fieles se organizaron para levantar por segunda vez el templo, iglesia que se terminó entre 1723 y 1727. Después, poco a poco lo fueron ampliando y embelleciendo, pero quedo nuevamente destruido después del terremoto del 7 de mayo de 1822. Dos años después volvieron a organizarse para iniciar los trabajos de la construcción de otro templo. Entonces ocurrió otro terremoto, el 2 de setiembre de 1841, que dañó parte de la estructura, pero pudo repararse. Sin embargo, el terremoto del 4 de mayo de 1910 lo destruyó por completo. Una vez más, los devotos de la Virgen se organizaron para iniciar las obras de la actual basílica, que se terminó en 1930. Esta estructura tiene bases antisísmicas que han resistido muchos temblores e incluso el terremoto de 1924, cuando el templo todavía estaba en construcción.

Este año, Carlos y sus hijos volverán a peregrinar a Cartago para ver a La Negrita una vez más y disfrutar de la paz que le brinda a los corazones el fervor de la gente, y darle gracias por las bendiciones para la familia y el pueblo todo. Si tienen suerte y la Virgen así lo permite, este año, al menos en el día central 2 de agosto, no lloverá, pero la humedad de las almas vivas que viajan desde lugares tan remotos como San José o San Vito será más que suficiente para fertilizar la fe en los pequeños y de los grandes.

Bendiciones para Costa Rica y que la Virgen de los Ángeles los proteja.


Nota.-
Un agradecimiento especial por el soporte en la elaboración de esta nota a mi amigo Carlos Gómez Mora y las web:
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