domingo, 3 de agosto de 2008

Hace cuánto tiempo que no eres feliz?


Una pregunta difícil de asimilar y mucho más de contestar. Y es quizá el momento más importante de la película recién estrenada y tan esperada, basada en la serie de televisión que tanta acogida ha tenido entre románticos, escépticos y mortales. Al enfrentarse con la dolorosa realidad de que en los cuarentas las relaciones humanas, y específicamente las sentimentales, pueden tornarse mucho más complejas por razones distintas a las que no atormentan a los veintes o los treintas, los personajes centrales ven pasar sus vidas como ilusiones o productos de la irrealidad provocada por el orgullo o la insensatez. Es ese cúmulo de sensaciones lo que se vuelca en la pantalla grande en la cinta Sex and the City.

El programa, una serie estadounidense de televisión por cable basado en el libro del mismo nombre escrito por Candace Bushnell, se transmitió por primera vez en la cadena HBO desde 1998 hasta el 2004. Ambientado en la ciudad de Nueva York, el programa trata acerca de las vidas y vivencias de cuatro mujeres que son muy buenas amigas, tres de las cuales están en el final de sus treinta años, y una, Samantha, está en los cuarenta. Una comedia de situación con elementos dramáticos, el programa a menudo abordaba problemas socialmente relevantes, como el papel de la mujer en la sociedad y lo complejo de las relaciones en pareja, cómo buscar el amor y cómo administrar las emociones y sentimientos una vez que se lo encuentra. Sex and the City fue estrenado el 6 de junio de 1998 y el último episodio original se transmitió el 22 de febrero del 2004, luego de 6 temporadas. Este año fue estrenada la película, dirigida por Michael Patrick King, quien estuviera vinculado a exitosas series como la propia Sex and the City, Will & Grace y Murphy Brown.


La historia que nos cuenta la película, dentro del estilo mismo de la serie, da giros inesperados en la trama, fiel al estilo impuesto durante los años de duración de las 6 temporadas, que reflejan la vida misma, compleja y natural como es el enmarañado e intrincado hilar de las relaciones humanas, donde las parejas terminan, los amores maduran y las preocupaciones cambian. La temática de la búsqueda del amor, que es abordada durante la serie, toma un nuevo rumbo para buscar la manera de administrar el mismo sentimiento cuando ya se lo ha encontrado y vuelve a truncarse o cuando el corazón queda roto por enésima vez.

Hay lugares comunes que se pasan por alto, quizás por la benevolencia propia del alma más que la del espectador. Pero sucede que la vida está llena de lágrimas agotadas, desengaño, desesperanza, olvido, recuerdo, perdón e inesperada ternura. Por eso el éxito de la historia, porque nos refleja claramente las sensaciones y sentimientos de los seres humanos. Algunos incluso, al borde del llanto benéfico, liberador, contemplativo y convalidante.

Se trata de una película interesante por las enseñanzas, ágil por el tratamiento, nostálgica por el contenido y liberadora por el mensaje final. Y siempre queda el amor, el trinfante amor, no hay duda, de alguna extraña manera, de muchas maneras.


Y leyendo las reseñas, viendo la película y recordando las vivencias propias y algunas ajenas, no puedo dejar de preguntarme si acaso es posible que exista un estado final de amor así como siempre se ha cuestionado que exista uno de felicidad? ¿Cuántas veces podrá el corazón humano seguir perdonándose y perdonando al otro? En ese caso, la respuesta a todas las preguntas es relativa, parcial, inexacta. Y finalmente, seguimos tras la huella del amor y, por ende, de la felicidad, suponiendo que lo primero nos lleve necesariamente a lo segundo, si no para qué seguimos caminando?
Como dice Carrie al final de la cinta, la vida no es cuestiòn de lógica sino de amor.
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