lunes, 25 de agosto de 2008

Hablo de gastronomía como hablo de erotismo...

El Poeta Rodolfo Hinostroza, quien me delitó desde los ya idos años de universidad, siempre sonprendiendo desde todas las esquinas del conocimiento y lo sensitivo, nos dice algo muy cierto. En esta entrevista, publicada en Peru21 el 06/06/2006, el Poeta se declara tentador al escribir y siempre crítico al contexto.

Por: Gonzalo Pajares Cruzado
Fuente: Peru21, Lima 06/06/06


Rodolfo Hinostroza no es solo uno de nuestros más grandes poetas vivos. El autor de Consejero del lobo, Memorial de Casa Grande y Fata Morgana es uno de nuestros mejores cronistas gastronómicos. Precisamente, en esa función, su libro Primicias de cocina peruana acaba de ser declarado finalista del Premio Nacional 2005 de la Academia de Gastronomía Española, un reconocimiento para su talento como gourmet y escritor y para nuestra exquisita comida.

¿Qué actividad considera superior: escribir poesía o comer y beber?.-
No puedo poner alguna categoría primero. Uno no escribe poesía siempre, pero come y bebe todos los días.

Pero no todos los días uno se encuentra con un buen poema.- Por eso, es mucho más raro escribir poesía, que requiere de un momento especial, de una actitud activa. Uno debe ser visitado por la inspiración y pasar por un momento psicológico fuerte. La comida, en cambio, es una actividad receptiva, pasiva.

¿Qué disfruta más?.- Escribir poesía no es propiamente un disfrute. Uno lo tiene -y profundo- cuando se termina la obra y se la percibe lograda. Al momento de escribirla hay mucha tensión, es como subir una montaña. En la comida uno recibe placer.

¿Cuál era su actitud al momento de hablar de un restaurante?.- Escribía mis textos de manera tentadora. La gente iba a los restaurantes con mi artículo en la mano.

Hacía, entonces, un ejercicio lírico.- Sí, pero no de manera deliberada. Eso sí, descubrí que hablar de gastronomía era como hablar de erotismo, que es una cosa muy difícil. A la gastronomía hay que tratarla de manera muy sensual, muy descriptiva de los sabores y olores de las cosas. Por eso tuvieron éxito mis crónicas, pues llenaban restaurantes.

¿Le hubiera gustado llenar las librerías y las bibliotecas?.- Claro, pero eso es difícil porque en el Perú la gente come pero no lee. La gran pasión peruana es la gastronomía. En Europa y en Estados Unidos la gente puede ver buenos espectáculos de teatro, de jazz. de lo que quiera. Aquí no. Nuestras posibilidades de diversión, de placer, son limitadas; por eso optamos por la comida, que reemplaza todas las demás: comer, para nosotros es como ir a la ópera en Nueva York.

La comida es el goce del Perú.- Cada país tiene algún don: Brasil y Argentina tienen el futbol; Rusia, el ajedrez; Francia, el erotismo; el Perú, la gastronomía. El Perú no mete goles en las canchas, pero sí en las mesas. Aquí hay más afición por la gastronomía que por el fútbol, pues es más antigua y extensiva: participan hombres, mujeres y niños. La única cultura propiamente gastronómica en el mundo es la peruana porque la gente -que adora comer- vive pensando en lo que ha comido, en lo que va a comer y en lo que comerá.

¿Cuándo nace la cocina peruana?.- Nace con la conquista, pues nuestra cocina es mestiza. Un mestizaje, eso sí, hecho sin violencia y muy creativo. Tenemos una gran cocina porque tuvimos una cultura con una sólida culinaria nativa que se mezcló con la española. Por eso, México y Perú tienen las mejores cocinas de Latinoamérica.

¿Nuestro gran secreto para ser los mejores está en los ingredientes?.- Los ingredientes son una de las cosas más mágicas y maravillosas que tenemos. Todos los cocineros de afuera se quedan fascinados por la calidad y variedad única de nuestros pescados y mariscos, de nuestras verduras y ajíes.

¿Cuál es nuestro plato de bandera?.- El lomo saltado.

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