viernes, 3 de octubre de 2008

Marco García Falcón


El 4 de octubre es el cumpleaños de Marco García Falcón, la más joven y deslumbrante revelación de la narrativa peruana de los últimos años, y a quien tengo el honor de contar como uno de mis queridos amigos. Esta nota es para rendirle homenaje a él, su calidad de persona y sus cualidades literarias, algo de lo ya se ha dicho mucho, felizmente.

Yo conocí a Marco García Falcón hace 19 años, en el Patio de Letras de la PUCP. Me lo presentó Javier Perea. Y con esa mañana en que nos conocimos dio comienzo una amistad muy intensa, no sólo con él sino con todo un grupo de personas muy valiosas en sus quehaceres y de mucha calidad personal. Con ellos, a pesar de los años y las ocupaciones, mantenemos un vínculo irrompible y duradero.

Marco es nieto de una de las figuras más ligadas a la música criolla en el Perú, el patriarca de los hacedores de guitarras, don Orestes Falcón, quien diera inicio a una casta de cuidadosos y entregados confeccionistas de la fiel guitarra, el noble instrumento musical.

Además de todo ello, y por si fuera poco, venir de una familia de alegres y carismáticas personas y haber vivido en La Victoria, le dieron forma a su personalidad desde siempre. O quizás fue el hecho de haber estudiado en colegio de japoneses lo que fue creando en él esa manera tan peculiar que tiene de ser. Y es que el alma y la creatividad de un narrador se va modelando desde muy temprano, pero siempre a partir de talentos genéticamente propios. Y MaGarFA no es la excepción.

Quienes lo fueron conociendo en los años de niñez y adolescencia pueden dar cuenta de que siempre fue un muchacho distinto a los demás. Siempre con pensamientos retorcidos y el humor negro en la punta de la lengua. Era imposible que ese muchacho que ingresó a Derecho y Ciencias políticas de la Villarreal se quedara quieto dentro de la camisa de fuerza de lo jurídico. MaGarFA siempre fue un ser libre, su espíritu solo puede obedecer a sus propias convicciones y a sus objetivos, a nada ni nadie más. Y en efecto, después de un año de mucho alcohol en el viejo Corso Latin Show MaGarFA ingresó a la PUCP, también a derecho.

Los años de letras fueron quizas los fueron creando en todos los demás esa admiración por su talento y su forma particular de hacer las cosas. Descubrimos juntos muchas cosas y nos sacamos el clavo de otras. Fueron los años de las juergas de letras, las conversas en la cafeta de letras y del Capinurí. Un ciclo en la facultad de derecho le bastó para que su cuerpo protestara somatizando una frustración venidera que el drecho le estaba asegurando. Luego de una temporada en el infierno, MaGarFA se cambió a literatura y su vida cambió.

Para quienes no lo saben, La Divinidad fue uno de los primero cuentos de Marco. Cargado con toda su vehemencia y su locura soslayada, nos dio a conocer sus primeros argumentos, eran momentos intensos, no solo porque estabamos viendo nacer a un genio de las letras sino porque además la vida le daba la razón al concederle los primeros premios, como el de los Juegos Florales de la PUCP y el del Cuento Jurídico de la Facultad de Derecho.

Con Marco y gracias a él pude administrarme una dosis necesaria de literatura. Fueron los años del Club de la Agonía, una cofradía de personajes sacados de la bitácora de un manicomio, por donde desfilaron y resbalaron tantos y tan queridos amigos, como Josemari Recalde, Miguel Kudaka, Bruno Mendizábal, Carlos Solano, Arturo Higa y Raúl Burneo. Esa fue la época de Jirón Quilca y los bares del centro de Lima, la época de las interminables jornadas de desesperación por hablar, escribir y plasmar las atormentadas vidas de alguna manera en la realidad. Hasta que apareció ella, envuelta en halos de rareza, la figura que daría cordura a la vida de Marco: Anita.

Los años pasaron y más cuentos, más premios y más actividad. Llegó Paris Personal, su primer libro de cuentos, magistralmente conectados por el hilo conductor de lo que para Marco y sus demonios interiores debía ser París, una ciudad de luces y de sombras. Aunque tardó, llegó su primera novela, El Cielo de Capri, rezago de su visita a Europa y que le valiera el aplauso de pie de la crítica y los lectores. Con la frescura que solamente él puede darle a una historia por más siniestra o extraña que ésta sea, en ello radica la genialidad de Marco, en hacer interesante, apetecible una historia, atrapar al lector en la historia y no dejarlo salir hasta que termina de devorar las páginas, con absoluta tranquilidad y sin apuros pero con interés y emoción.



Marco es una persona que hace reir a los demás, cualidad que ha sabido explotar y perfeccionar a lo largo de los años. Fanático siempre de algo, no importa qué, pero entregado a aquello que le interesa de pronto, con la vehemencia de los obsesos y la erudición de los estudiosos. Nada es gratuito en Marco garcía Falcón, él ha sabido labrar su presente y hacerse espacio en medio de todos. Estoy seguro de que todavía estamos lejanos de leer la mejor novela de Marco, nos tiene preparado mucho más, entre historias atrevidas, insinuantes y perfectamente desarrolladas, con la delirante narrativa que desborda los sentidos y la pulcritud del buen escritor, ese en el que el buen Marco se convirtió hace mucho, entre la Cafeta de Letras y su imaginario personal.

Feliz cumpleaños, amigo mío.

Lean esto:

http://www.losnoveles.net/pmgfalcon.htm (extracto de Paris Personal)

http://carlosmsotomayor.blogspot.com/2007/12/entrevista-marco-garca-falcn.html (entrevista de Carlos Sotomayor)

http://www.librosperuanos.com/archivo/garcia-falcon.html (mi buen amigo Ernesto Carlin conversa con Marco)

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